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Kuala Lumpur, mezcla de arquitecturas

Kuala Lumpur, la sexta capital más visitada del planeta, fue fundada en el año 1857 pero tuvo que esperar al año 1972 para tener la población suficiente como para ser considerada una ciudad. Hoy en día la jóven capital de Malasia cuenta con 9,1 millones de habitantes distribuidos en una superficie de 243 km². Como podéis ver, su crecimiento en los últimos años ha sido astronómico. Su nombre no es muy afortunado ya que significa “confluencia fangosa”, de ahí viene que los locales prefieran llamarla simplemente KL.

Su historia de la ciudad comienza cuando la familia real de Selangor dio permiso a que 87 mineros chinos explotaran los recursos de estaño del valle. No obstante lo desagradable del lugar, la ciudad creció a un ritmo vertiginoso en las décadas posteriores. Gracias a la extracción de minerales y ala industria del caucho y del café, KL fue rápidamente situada en el mapa junto a ciudades estratégicas como Melaca o Georgetown.

La historia de la capital no está exenta de momentos críticos. Antigua colonia británica, Kuala Lumpur supo sobreponerse a numerosas guerras civiles  debidas a la lucha por el control de las minas y a la ocupación japonesa (44 meses) durante la Segunda Guerra Mundial. Después de la guerra, en el año 1957, la Federación Malaya obtuvo finalmente su independencia del Imperio inglés.

La arquitectura de KL es una mezcla de influencias coloniales, de tradiciones asiáticas islámico-malayas, de arte moderno y de arquitectura postmoderna. Al contrario que las otras capitales del sudeste asiático, Kuala Lumpur es una ciudad relativamente joven y  por lo tanto la mayoría de los edificios coloniales corresponden a finales del siglo XIX y principios del XX. La arquitectura moderna y contemporánea llegó tarde, comenzó a brotar a finales de la década de 1990 y principios de la 2000.

Hoy en día la metrópolis malaya es mundialmente conocida por sus famosas Torres Petronas (los edificios más altos del mundo entre 1998 y 2003, hoy en día los edificios gemelos más altos del mundo) diseñadas por el arquitecto argentino César Pelli. Con una altura nada deleznable de 452 metros (4 metros por encima del Empire State) y un total de 88 plantas, estas estructuras gemelas de hormigón armado, acero y vidrio se han convertido en un hito de la arquitectura contemporánea. Un diamante que brilla al sol, según palabras del estudio de arquitectura Pelli & Asociados.

Una de las características más curiosas de su diseño es la originalidad de su planta y los materiales de la fachada. Lejos de los rascacielos convencionales de planta rectangular, Pelli decidió rendir homenaje al Islam (religión oficial de Malasia) utilizando en su diseño motivos tradicionales del arte musulmán. Un protagonismo especial se lo lleva a la geometría del Rub el Hizb.

El Rub el Hizb , conocido también como la estrella de Salomón, es un símbolo frecuente en edificios de cultura islámica y que es fácilmente identificable en todas las construcciones arquitectónicas musulmanas del Mediterráneo (en la Alhambra de Granada, por ejemplo). Su significado viene a ser una representación del paraíso. Según la creencia islámica el cielo está rodeado de ocho montañas, las ocho puntas de la estrella. Sinceramente, al ser un símbolo de buen augurio, Pelli no pudo estar más acertado con su uso.

Otro punto a destacar es el uso del acero inoxidable como acabado de fachada. Debido a las numerosas e intensas lluvias del clima tropical, es difícil encontrar un material que funcione tan bien en los rascacielos como el vidrio.

Para la superficie de las fachadas de un edificio tan expuesto a la climatología es necesario un material que no sea poroso, tanto para descartar futuros problemas de humedad como evitar un mantenimiento más frecuente.

El acero inoxidable resultó ser un material excelente para el propósito, duradero e impermeable con unas cualidades estéticas que, sumadas a la geometría del diseño, hacen que las Petronas Twin Towers parezcan de otra galaxia.

Salvando las torres gemelas y su tamaño más reducido, KL recuerda muchísimo la ciudad de Bangkok. La sensación que transmiten ambas  metropolis es que privilegian el coche frente al peatón, hay más superficie para autopistas y líneas aéreas de monorail que aceras.

Pese a que andar por esta ciudad no es tan placentero como hacerlo por Barcelona (entre otras), el contraste tan abrupto entre barrios es cautivador.

Caminar por Kuala Lumpur es experimentar un cambio de escala permanente entre humano y arquitectura. En pocos metros puedes pasar por calles de edificios coloniales de tamaño muy reducido a encontrarte con estructuras de acero que se levantan hacia el cielo. KL te deja con muy buen sabor de boca, es un libro abierto sobre la evolución frenética de la arquitectura urbana.