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Singapur, de desastre ambiental a ciudad verde

A pesar de las limitaciones debidas a la escasez de tierra, sumadas a al reto de una urbanización sostenible y de la preservación de la herencia arquitectónica, Singapur ostenta en el 2018 el mérito de ser la ciudad más verde del mundo con un índice de 29.3% GVI. Nadie creería que en los 70 las Naciones Unidas determinaron que la ciudad era un “desastre ambiental irreversible”. Los locales afirmaban que el olor del río era tan intenso que parecía una cloaca a cielo abierto.

Actualmente, un denso paisaje de rascacielos convive con hitos arquitectónicos y con numerosos bosques y espacios verdes protegidos. La Singapur del presente es una red de construcciones urbanas que se mezclan con la naturaleza en un tamiz que ha sido planeado con mucha intención.

Un ejemplo de ello son unos puentes (o eco-link) instalados estratégicamente y que cuelgan sobre la Bukit Timah Expressway, la flora fue pensada para que los animales (serpientes, muriciélagos, colibríes y 300 tipos de mariposas entre otros animales) se puedan mover entre el Parque Nacional y otras áreas verdes. Tras estar dos décadas separados por la autovía se ha reparado el daño que la interveción humana supuso en su día. Tras el éxito del primero hay unos cuantos más en camino.

En la anterior entrada os he hablado del Tree Planting Day, un día al año durante el cual se plantaba un árbol por cada recién nacido. Esta gran iniciativa fue el principio de una larga historia de amor entre el espacio verde y el urbano en la ciudad de Singapur. Si durante el Planting Day se enverdecen las calles, gracias al Masterplan urbanístico mejorado en el 2008, ahora se enverdecen los edificios. Los estudios planean que en 2030 el 80% de las edificaciones se encuentren bajo estándares medioambientales y se espera que el 90% de las casas tenga un parque a menos de 400 metros.

Todos los nuevos proyectos arquitectónicos de nueva planta tienen que cumplir una serie de requisitos y normativas sostenibles. Todas las terrazas con jardín, las cubiertas vegetales, fachadas verdes que se pueden ver en edificios, mercados y hasta aparcamientos no son caprichos del arquitecto. La normativa manda que todo suelo edificado en planta baja se tiene que reponer con la misma superficie de espacio verde en cubierta y si se quiere tener un restaurante en el rooftop solamente hay que intensificar dicho verde. Además, si se quiere edificar un 10% extra bastaría con tener verde en las fachadas. Suma y sigue.

Estas nuevas normativas han contribuido a crear una nueva corriente creativa y de expresión arquitectónica a lo largo de la ciudad. Y no solo, la absorción del calor es patente mientras caminas por la calle y el cambio se nota también el la calidad del aire.

La preocupación sobre el medio ambiente va más allá. En 2008, tras la construcción de una presa y un posterior proceso de desalinización, la bahía pasó a ser la principal reserva de agua potable de la ciudad, asegurándole a la población un recurso imprescindible. Sin fuentes propias naturales y con importaciones obligadas de países vecinos, el agua se ha transformado en una política de Estado. A tal punto, que hoy Singapur es un pionera en purificación y reutilización de la lluvia, un modelo en gestión hidráulica.

Todo esto ayuda a que el ser humano se sienta más cómodo en las calles y dentro de los edificios. Ayudando además a reducir el impacto negativo y la huella ecológica de la industria de la construcción. La proximidad con la naturaleza reduce el stress y promociona un bienestar tanto físico como psicológico.

Como resultado de un concurso arquitectónicos internacional, la National Parks Board concedió en 2006 la adjudicación del Masterplan Bay South Gardens al estudio Grant Associates. El resultado del proyecto fue la imponente instalación de los Gardens by the Bay, la mayor estructura sostenible de Singapur. Con un total de 18 super árboles que van de los 25 a los 50 metros de altura, el jardín hospeda 170.000 plantas de 200 especies diferentes. Las estructuras de los super árboles funcionan con energía sostenible y están ligados a la climatización de las dos cúpulas que reproducen en su interior el clima mediterráneo y el clima de una jungla tropical. Además sirven para proporcionar energía fotovoltaica a todo el parque y a las proyecciones visuales llevadas a cabo por la noche.

La inspiración que guió el masterplan de Grant Associates fue la de un campo de orquídeas (flor nacional) en el cual la fusión entre la naturaleza, la tecnología y el desarrollo sostenible del ambiente es tratada con una visión holística. Grandes mentes y miradas visionarias han logrado transformar las 54 hectáreas de superficie del proyecto en el jardín del siglo XXI.

Como arquitecto no puedo hacer otra cosa que emocionarme al ver lo que es hoy en día la ciudad de Singapur y lo que significa. Es la punta de la lanza, es el futuro urbanístico que como ciudadanos demandamos a nuestras ciudades. Los cambios que se ven en esta gran metrópolis no son una quimera, solo hace falta apostar por el futuro en nuestros municipios.