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La singular belleza del Lago Inle

Después de pasar unos pocos días en Hsipaw para recuperar las energías perdidas, decidí desplazarme hasta el mayor destino turístico de Birmania junto Bagan; el Lago Inle. Perdido en el corazón del Estado de Shan, no es muy diferente de los muchos que he visto por el Sureste Asiático pero al poco de navegarlo te das cuenta de que tiene algo especial. Vale la pena pasar el infierno necesario para llegar hasta él.

Por qué Infierno? Normalmente la gente que visita Birmania viaja entre ciudades en avión, pero a mi me gustan las emociones fuertes y decidí desplazarme en minivan a través de las carreteras birmanas. Aún me estoy arrepintiendo. Un trayecto de apenas 250km se trasformó en una pesadilla que duró 15 horas. Para empezar a los 30km se rompió el eje posterior de la furgoneta, posteriormente tuve que cambiar de vehículo tres veces y participar en un motín a bordo ya que el conductor nos quería abandonar en una aldea a 60km del destino, dejándonos a todos los pasajeros a nuestra suerte bien pasada la medianoche. Una pesadilla.

Una vez llegado a la ciudad de Nyaung Swe y después de recuperarme del viaje, poco más hay que hacer que embarcar en una de las canoas motorizadas que surcan las aguas del lago. Es una experiencia que la gente normalmente repite 3-4 días seguidos pero que es perfectamente viable hacerla en una sola jornada intensa. Es entonces cuando te das cuenta de que quizás venir hasta aquí haya valido la pena. Situado a una altura de 900 metros sobre el nivel del mar y rodeado de montañas, la profundidad del lago oscila entre los 3 y 5 metros según la época del año. Pese a que el lago no esté pasando su mejor momento (en los últimos párrafos os explico los motivos) el agua no estaba turbia y  su superficie era prácticamente especular, de una belleza singular.

Después de recorrer los pocos centenares de metros del canal que conecta Nyaung Swe con el lago, se empieza a disfrutar del sublime escenario que se va abriendo ante los ojos. Los Inthas o “ hijos del lago” te dan la bienvenida y a tu paso te muestran como suelen, o solían, pescar según la tradición. Digo solían porque los únicos que vi pescando con la técnica tradicional son los primeros que vi al entrar al lago y sospecho que actuaban para que sacara la típica foto de Inle (sus barcas estaban vacías, ni peces ni herramientas de pesca) y nada más. Más tarde me informaron de que mis sospechas estaban fundadas y que normalmente tienes que pagar por la foto.

Sea como fuere, no hay que quitarle mérito a la ingeniosa técnica de remo que tenían. Los nativos del lago usan un procedimiento para remar que es muy peculiar: de pie en la popa se apoyan con una pierna mientras que con la otra, enrollada en el remo, impulsan la barca.  Remar de esta manera tiene poco que envidiar a las acrobacias olímpicas.

La mayoría de estos pescadores viven en aldeas flotantes formadas por casas  construidas sobre pilotes que se elevan sobre la fluctuante superficie acuática. El fondo arcilloso sirve como cimiento para estas efímeras construcciones. Es muy curioso recorrer a ralentí los canales de Ywama y ver que se configuran en retícula como si fueran calles urbanas o cómo las construcciones han ido evolucionando según el numero de miembros que viven en ellas. Se entiende perfectamente como van sumando anexos y plataformas flotantes para alojar el cuarto de baño fuera del núcleo principal de la casa, por ejemplo. Hasta había establos flotantes a los que se accede con listones o “mansiones” de dos plantas que se aguantan sobre esbeltos pilotes. Es asombroso como los pescadores han logrado generar ciudad según sus necesidades. Vivir en estas casas y en constante humedad no debe ser cosa fácil.

Otro ejemplo del ingenio más de los Inthas es su capacidad de cultivar en el agua. Aprovechando la escasa profundidad del lago, se las han ingeniado para crear unas islas en las que cultivan hortalizas (tomates, berenjenas, calabazas, chilis) y plantas acuáticas. Estos huertos flotantes se anclan al fondo con estacas de bambú pero son desplazables, siendo maniobrables parcelas de cultivo vegetal.

Más allá que aldeas y acrobáticos pescadores, el Lago Inle también ofrece complejos de pagodas y templos dignos de mención (no va a ser lo contrario en Birmania). Para llegar al complejo de pagodas de Inthein, debes dejar atrás la parte principal del lago y recorrer una ramificación del mismo. Si por casualidad habéis visto Apocalypse Now, estos canales os recordarán muchísimo a los de la película. Ramificaciones cada vez más estrechas que se pierden entre una vegetación salvaje y frondosa. Aquí se esconde la aldea Inthein y su pequeño complejo de pagodas al puro estilo Bagan.

Como en todos los lugares que he visitado hasta el momento, entre los mejores recuerdos guardo las imágenes de la vida local. Pese a que Inle sea un destino turístico no ha dejado de ser la cuna de miles de personas que se nutren de sus frutos y que aman sus aguas como si fuera un componente más de la familia.


He creído necesario poner una nota a parte sobre el lado negativo de  la situación actual del lago.  No todo es reluciente en Inle ya que con el auge del turismo el ecosistema suma otro problema más  a una larga lista que amenaza su existencia. La presencia de un cercana mina de carbón que aboca sus residuos al lago, una planta eléctrica que se nutre de su agua para crear energía y la escasez de las lluvias durante los últimos años (hola, cambio climático) han provocado que el nivel del agua haya disminuido preocupantemente y que la superficie del lago haya perdido un tercio de su total.

Tras la llegada del gobierno civil, se elaboró ​​un plan quinquenal con el apoyo de las Naciones Unidas y de Noruega para revertir la degradación ambiental y mejorar la vida de la comunidad local. Pese a eso hay cierto sentimiento de temor entre la población local, porque el peligro va más allá.

La apertura de la economía doméstica hacia el mundo exterior ha desatado una carrera entre constructoras occidentales y chinas que se desentienden de la conservación del lago y su medioambiente. Quedan muchos pescadores que siguen con la tradición familiar pero otros muchos ahora prefieren trabajar en la construcción, en restaurantes o hoteles porqué las retribuciones son francamente más altas (pese a que el salario medio no supere los 25 USD mensuales) y el trabajo físico es inferior.

Si sumamos todo, menos lluvias hacen que haya menos agua en el lago y que sea necesario por lo tanto usar más abono químico para que los huertos produzcan la misma cantidad de comida. Esto hace que haya menos peces y que el porcentaje de químicos aumente, haciendo que la calidad del agua sea más baja. A su vez los pocos pescadores que quedan necesitan más tiempo para conseguir los mismos peces que antes y por lo tanto prefieren abandonar la profesión para trabajar en el mundo de la construcción que está deforestando las montañas y comprando terrenos a precios irrisorios.

La ayuda de las Naciones Unidas junto con los 2.6 millones de dólares por parte de Noruega es un buen comienzo, sin duda. La Fauna, la Flora y los aldeanos del lugar de momento aún pueden resistir el impacto de todos los peligros que acechan. Los burmeses han resistido esto y mucho más durante los últimas décadas. Pero nosotros también podemos ayudar al Lago Inle.

Si algún día pasáis por aquí elegid un Homestay o un pequeño establecimiento local antes que una cadena de hoteles. O a la hora de comer, es mejor acudir a un restaurante familiar o uno que potencie la gastronomía Shan antes que ir a uno turístico en el que sirvan platos occidentales. Cada granito de arena para salvar Inle es importante.